lunes, 20 de abril de 2015

Ansiedad: Aprender a controlarnos

Taquicardia, sudor, insomnio... Cuando sobreviene un ataque nos sentimos al borde del abismo. Aquí, algunos tips para repensarnos con armonía.

¿Alguna vez le pasó? Son las 3 de la mañana y todavía está despierto mirando aquella vieja serie de televisión que repiten hasta el cansancio. De pronto, y sin motivo aparente, siente una gran angustia, unas incontenibles ganas de llorar, además de una sorpresiva sensación de terror inconsciente, que no le permite ni levantarse para apagar la tele.

Si la situación le resulta más o menos conocida, sepa que no está solo. Miles de personas sufren síntomas similares, conformando un cuadro que se conoce simplemente como ansiedad.


El Dr. Abel Fainstein, presidente de la Federación Psicoanalítica de América Latina, caracteriza a la ansiedad “como la expectativa preocupada, exagerada, acerca de un evento real o fantaseado que se traduce en malestar físico como taquicardia, sudoración, insomnio, aumento del apetito, etcétera”.


Primero es fundamental aclarar que ansiedad, estrés, depresión y pánico, no son sinónimos. Sin embargo, estos estados pueden convivir o ser el resultado de algún otro factor. Tampoco se presentan de manera aislada, sino que generalmente suelen asociarse entre sí.

No todo es igual
 Resulta importante marcar las diferencias entre ansiedad y otros estados psicológicos:
• Depresión: es una sensación de profunda tristeza, siempre acompañada de melancolía, un sufrimiento similar al luto, un sentimiento de pérdida al que a veces se suman reacciones de ansiedad.
• Estrés: es un estado de persistente tensión y alarma. Habitualmente es consecuencia de presiones en el plano laboral. El estrés crónico genera diferentes enfermedades físicas.
• Pánico: una aguda sensación de impotencia y temor que puede paralizarnos.
• Ansiedad: un estado similar al miedo, una sensación vaga de que algo nos preocupa. Muchas veces surge de un modo imprevisto porque está directamente referido a un problema invisible que se halla en su interior más profundo.
Con respecto a diferenciar la ansiedad del estrés, la psiquiatra Verónica Mora Dubuc, de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, aclara: “La ansiedad es un sentimiento propio del ser humano que tiene un carácter displacentero, por ello se puede referir a él como sufrimiento. En tanto que como estrés nombramos a un conjunto de  fenómenos que resultan una respuesta a estímulos amenazantes o de alta exigencia”.

El lado positivo
Todos, en algún momento, sufrimos de ansiedad; lo importante es reconocer con qué intensidad se presenta en cada uno. La ansiedad, al igual que el estrés, tiene un costado positivo y natural. Su función es muy importante y está relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad. Pero, en exceso, puede acarrear pensamientos muy negativos.



Existen diferentes tipos de ansiedad. Hablamos de ataques normales o buenos, cuando responden a una situación vecina al miedo. En este sentido, el ejemplo sería la ansiedad habitual que siente un estudiante antes de rendir un examen: dicha ansiedad activa defensas y reacciones que lo preparan para enfrentar el suceso.


Ahora bien, si el mismo estudiante se paraliza y no puede abrir la boca ante el profesor, resulta obvio que estamos en presencia de la “otra” ansiedad, tan mala, que se traducirá en un aplazo y otra materia para el próximo cuatrimestre.
Desde luego que este tipo de ansiedades son controlables; el problema es más serio cuando los estados ansiosos surgen sin motivo aparente o en lugares y situaciones insospechados.

Origen del miedo
Los especialistas coinciden en un único pero fundamental consejo: resista la tentación de recurrir a una “pastillita” –sedante, ansiolítico, antidepresivo– porque con ella se puede aliviar sólo el síntoma, ya que las raíces profundas del problema permanecerán enmascaradas para surgir con más fuerza después.



Combatir la ansiedad suele requerir, paradójicamente, paciencia y decisión, para confrontarse con las causas que la desencadenan, que normalmente no se quieren ver, porque no se advierten o porque da miedo enfrentarlas. En ese sentido, una corriente como el psicoanálisis le brinda la ocasión de realizar una tarea consigo mismo, que puede ser lo que esté necesitando.
“Algunos meses de tratamiento  psicoterapéutico con o sin apoyo farmacológico deberían mejorar el cuadro en la mayoría de los casos de ansiedad y/o angustia. A veces solo algunas entrevistas pueden atenuar la ansiedad ante un evento imprevisto o del que se temen sus consecuencias”, aclara Fainstein.



Si bien se dice que una persona ansiosa lo será toda la vida, siempre vale la pena intentar bajar unos cambios. Todos tenemos derecho a una vida más tranquila, haciéndole palmaditas a la ansiedad  en lugar de que ella nos arrastre del brazo.

¿ALGUIEN VIO A MI TRANQUILIDAD?
La ansiedad puede presentarse en cualquier situación, momento y lugar. Te pasamos algunas recomendaciones para aplicar ante un “ataque agudo”:
-Quedate en un lugar tranquilo hasta serenarte.
-Tratá de encontrar una posición cómoda para no contracturarte.
-Cerrá los ojos y concentrate en tu respiración, quedate tranquilo y calmo. Pensá solamente en respirar a un ritmo pausado.
-Es importante que no trates de distraerte, ni pierdas la concentración en tus cosas importantes.
-Una vez que hayas alcanzado un buen nivel de relajación, intenta permanecer en ese estado durante 10 o 15 minutos.


Fuente: Rumbos Digital
Por: 
MIRYAM BLOCH

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